Un sueño hecho realidad
- David Aristizabal Duque
- 17 may 2018
- 4 Min. de lectura

36 años tuvieron que pasar para que el pueblo peruano volviera a ser parte de la gran fiesta del fútbol mundial, y hoy que cada vez más se acerca el reloj a cero para dar comienzo a una nueva cita mundialista, el nerviosismo e ilusión se apodera desde los más “chibolos” hasta los más adultos.
Aquella Copa América vivida en Argentina el 2011 donde se ocupó el tercer lugar, el equipo “inca” con una varios jugadores jóvenes como André Carrillo, Yoshimar Yotún, Raúl Ruidíaz, Luis Advíncula, entre otros, comenzaba a dar avisos que tenía garra y corazón, y aunque las eliminatorias para Brasil 2014 fueron un nuevo tropezón donde ese sueño mundial continuaba como una ilusión, la Federación Peruana de Fútbol entendió que contaba con una muy buena generación de jugadores que había que “arropar” y guiar de la mejor manera, fue allí donde sucedió tal vez lo mejor que le pudo pasar a la “blanquirroja”, la llegada del argentino Ricardo Gareca al banquillo.
Con pocos partidos a su cargo, el combinado peruano volvía a ocupar la tercera casilla en la Copa América en Chile el 2015, luego de vencer a Paraguay. De este momento se pactó un objetivo grupal, llegar a Rusia 2018.
El comienzo no fue el mejor, caer con Colombia en Barranquilla y con Chile en el llamado clásico del Pacifico, mostraban que no iba a ser fácil, pero el compromiso y apoyo del “tigre” Gareca con el jugador peruano fue vital durante todo el recorrido. Finalizada la primera vuelta con solo dos victorias, ante Paraguay y Ecuador lo ubicaban 8vo en la tabla, lejos del objetivo.
Actos de indisciplina de Luis Advíncula y Jefferson Farfán, dos pilares dentro de la selección, ponían más difícil la misión. El técnico argentino tuvo “mano dura” dejándolos 7 y 10 partidos fuera de la convocatoria respectivamente, pero haciendo fidelidad a su compromiso volvió a confiar en ellos para la senda final de las eliminatorias.
Puntos importantes llegaban para el conjunto blanquirrojo, la goleada 4 x 1 sobre Paraguay en Asunción luego de 12 años sin poder ganar en la capital “guaraní” daban un envión anímico al equipo. El empate conseguido de manera sufrida en Maturín frente a Venezuela, las victorias de local frente a Uruguay y Bolivia, sumado a los 3 puntos obtenidos sobre la mesa tras la mala inscripción de un jugador por parte del seleccionado boliviano en la fecha 7, devolvían la ilusión a los dirigidos por el tigre Gareca. Faltaban 3 fechas y solo una casilla los separaban del cupo a repechaje. Serian 3 finales agónicas.

Primero tenía que enfrentar a Ecuador en Quito, una plaza que nunca había sido conquistada por el combinado “bicolor”, pero en una batalla con la historia Perú demostraba que estaba hecho de hierro y corazón al salir victorioso de “la carita de Dios” con goles de Paolo Hurtado y Edison Flores. Por primera vez en la eliminatoria el equipo estaba dentro de puestos de clasificación.
La segunda final daba lugar en Buenos Aires, otra plaza difícil para Perú, donde el local también tenía la necesidad de sumar puntos en búsqueda de asegurar su pase al mundial. Pero en una noche muy bien planteada defensivamente por Gareca, la “bicolor” rescataba, tras controlar todos los ataques de Messi y compañía. El empate los ubicaba en zona de repechaje, pero aún faltaba el partido con Colombia.
Estadio lleno para enfrentar a Colombia, el equipo cafetero llegaba al estadio Nacional de Lima buscando su resultado, tampoco podía perder por lo que lo hacía más complicado. Empezar abajo en el marcador daba más nerviosismo para la blanquirroja, pero es ahí donde deben de aparecer los ídolos, los referentes, los líderes. Paolo Guerrero surgía para devolver en los últimos 15 minutos la alegría a las tribunas. El delantero que siempre hace referencia a su apellido, en una ingeniosa jugada, sacaba de un tiro libre indirecto un remate al arco, que ante el reflejo termina tocando David Ospina arquero colombiano, lo que le daba validez a la jugada. El empate sumando a la goleada de Brasil sobre Chile en la misma fecha, le daban el paso a repechaje, ultimo escalafón que surgía en el camino del tan añorado sueño.
Nueva Zelanda, se convertía en la última valla de la carrera, el empate en el país oceánico daba una leve tranquilidad para el partido de vuelta en Lima, la ansiedad colmaba a jugadores e hinchas, pero para eso estaba Gareca, un hombre que sabe manejar los tiempos y la ansiedad, un hombre lleno de experiencia y un maestro de buen fútbol. Farfán, demostraba que atrás quedaban los hechos de indisciplina y aparecía para abrir el marcador en un partido que quedará en los libros y en la memoria del pueblo peruano. Christian Ramos demostraba que no le queda grande la selección y catapultaba el resulta con un 2 a 0.
Ese recuerdo vago de unos pocos sobre el mundial de España 1982 seria ahora remplazado por la selección de Gareca, la selección que no escatimó una gota de sudor. En el olvido quedó el pesimismo, el derrotismo y el sinsabor de las derrotas. Generaciones que no sabían que es ver a su selección en un mundial, ahora serán parte de la máxima cita del fútbol mundial.